domingo, 27 de julio de 2014

TOC TOC - TOC

Noche calma lluviosa,
esas en  que las luces de los antiguos faroles de microcentro,
a través del reflejo del agua y su constante chapoteo, reflejan mas de lo debido
este sector del barrio de Buenos Aires.
Bella composición para quien sepa apreciarlo, viejas farolas, viejas, viejas y tenues luces,
tenues luces...
El Hotel sin nombre, solo marcado por graffitis, tags, y un extraño mural que habrán pintado allá por los años 40´ seguramente. Pintado, un tanguero parado, sin compañero de baile, mirando fijamente a quien se atreva a pasar las puertas de este condenado lugar, como si quien lo hubiese pintado en su momento, supiera lo que terminaría siendo este lugar. Varias familias lo habían ocupado luego de que el hotel cerrase por extrañas razones, pero las echaron y solo por quejas de los vecinos para que no demolieran el lugar con los inquilinos dentro, esas cosas extrañas que solo suceden en Buenos Aires, la ciudad del truco, vino y melancolía.
Esa noche, esa lluviosa noche, el hotel se encontraba desocupado, en un estado de precariedad absoluta, siendo un perfecto paradero para las ratas sin techo. La mitad de las habitaciones  desaparecieron por completo, mientras que otras habían pasado a ser baños, fornicaderos de toda clase de animales e insectos, todas las habitaciones, excepto...
La habitación 17. No había quedado impía de suciedad en su estado máximo, pero por encima  de todas estas cosas, contaba con una puerta y un  techo sin goteras,lo cual era un gran lujo para muchos esa noche, y en ese mismo momento, eran Katalina y Marcos, quienes tenían el lujo de encontrarse allí.Acostados en el colchón frío por la humedad reinante del ambiente, a contraste de las tenues luces reinantes que afuera estaban, en la habitación, un destello, suave, violeta ocupaba el pequeño lugar, solo ocupado por los muchachos, el colchón, algunas prendas de ropa esparcidas por el suelo, algunas de ellos, otras no, y un débil aroma a marihuana que era opacado por un fuerte olor químico, como si de pintura, y neopren se tratase.
En su intimo mundo, ellos  acariciaban cada parte desnuda de sus cuerpos, sonrientes, y ajenos a todo lo que les rodeaba. Cada tanto, algún relámpago los traía al mundo, pero el sonido de los cuerpos en movimiento y los gemidos ya se habían vuelto un sonido reinante mas en la escena, en cierto momento, los sonidos fueron in crescendo, junto con el movimiento, y todo mas rápido se resolvía en el ambiente, golpes secos bruscos, caricias de violencia extrema, gritos desenfrenados y gotas de sudor que no correspondían a la lluvia reinante, movimientos bruscos, manos unidas cual alambre de púas, y un grito final, un grito prolongado, ahogado, con unos ojos cerrados que daban la llegada a un clímax extremo que solo estas situaciones producen. Casi contorsionada en el colchón, Katalina seguia retorciéndose de placer, extasiada todavía y con cierto deje de triunfo celestial  en su persona, mientras Marcos mechaba un cigarro de marihuana que había reservado para el momentum final antes de que amanezca. Triunfante, se dejo caer al colchón mientras exhalaba el humo, para dejarlo salir un instante luego de caer, y dar un respiro final, anunciando su placer máximo. Allí acerco su mano a la mejilla de Katalina, que tierna mente lo miraba con una sonrisa traviesa, sonrientes ambos
TOC TOC TOC
Un pánico invadió sus cuerpos, y el ahora sudor frío que cubría sus cuerpos, era señor del estertor que cubría sus cuerpos por completo.¿ Quien ? peor aun,¿ quien toca la puerta de un lugar así ?
rápidamente, y en silencio, ambos se visten, y Marcos le señala la esquina de la habitación a Katalina para que allí vaya.  Mientras ella obedece, El se acerca a la puerta, tembloroso, muerto de miedo, acuesta su oido a la puerta, pero la lluvia, la lluvia no lo deja oír nada, y desesperado mira a Katalina, debería  tener una solución para esto, debería, debería....
Y en medio de la luz violeta, en medio de esta oscuridad y miedo, los ojos de Katalina, se encuentran con los de el, quien infla su pecho, y sin vacilar, abre la puerta.
Katalina vio como se alejaba en la oscuridad Marcos, hasta donde la luz le dejaba ver, tranquilamente, se va levantando de la esquina en la cual se hallaba acurrucada, y camina, camina hacia la puerta,
paso, a, paso, respiración profunda,  tratando de hacer caso omiso a los pequeños movimientos que la retina del ojo capta, pero no debería captar, y antes de que su mano alcance el cerrojo, la puerta se cierra con violencia delante de ella, como un grito horroroso en el silencio y la penumbra, y Katalina, no pudo mas que gritar, y gritar y gritar y gri
-kati!!- grita la voz de afuera de la puerta, y no tarda nada en reconocerlo, y no tarda en tranquilizarse, porque ahí esta Marcos, aun en la oscuridad para tranquilizarla, abre la puerta, y ella toma su mano, y le pregunta que era, el viento, fue el viento, y Katalina siente un vuelco en el corazón,
porque es un hombre flaco y sombrío quien la toma de la mano, vestido de negro, con sombrero de tanguero, y una mancha.... roja en la boca, seguido de una sonrisa, una inconfundible sonrisa con inconfundibles colmillos llenos de sangre, y en la oscuridad, Katalina suelta un ultimo grito de desesperación y terror que llenan el vacío hotel,
pero nada sucede, porque es una noche calma de lluvia en Buenos Aires.




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