jueves, 25 de julio de 2013

Impalad

Podria ser que se encontrara en algunas ruinas del castillo que habia en un monte, cercano al rio Arges.. o que se encontrara  en las ruinas que le habian pertenecido a los sajones de Brasov.. también podria ser...

No sabia a ciencia cierta donde se encontraba, solo sabia que estaba abandonado, muerto de hambre, y desesperado. Toda carne que antes hubiese en su cuerpo se habia estado desvaneciendo, su enmarañada y gastada barba oscura le llegaba al ombligo, mientras que su pelo, mientras estuviese parado, le llegaba hasta sus derruidos gemelos. Era el crecimiento de sus uñas, o el contacto de sus manos con su aguileña nariz, o con sus órganos lo que le recordaban, muy a menudo, que todavía seguía siendo humano...
Después de todo, que hacia humano a quien, cada uno a su forma de actuar, y en la forma en que lo juzgaran sus dioses lo sabria. Sus hábitos eran los que le recordaban los horarios en los que podria encontrarse, sus pocos hábitos  que se fueron perdiendo en todo el tiempo que estuvo encerrado... habían sido ya... dias? años? talvez... incluso siglos ¿Tenia algún nombre o nunca lo había tenido ? Nadie lo visitaba, nadie lo veía  no había un quien  en el viejo castillo, solo los espíritus de los infieles que allí quedaron, que no paraban de caminar en ningún momento, pero tampoco dirigían miradas ni palabras, con el tiempo, uno podría acostumbrarse.
Entre sus perdidos hábitos  el único que formaba parte de todos los días  era el de su manjar, el único que podría acercarse a el,  ya que las arañas y sus huevos se habían acabado, ciertos gusanos de algún cadáver ya desaparecido allí  ya se los había devorado, solo quedaban sus hermosas y pequeñas ratas. El no tener contacto con nadie, hacia que el chillido de un roedor cuando se encontraba entre sus manos, resultara de los mas excitante que podría experimentar  y no decir, de cuando cerraba sus mandíbulas alrededor del estomago del mamífero y a pesar de los pequeños huesos y pelos, la carne, y la sangre tibia que recorrían su barba, y pasaban por su paladar al mismo tiempo, sabiendo en esos momentos, que luego lo que quedara de el roedor, lo comería cuando el hambre lo llamara nuevamente.
Habia veces que las ratas no aparecían por mucho tiempo, talvez por la época  o por el miedo, en esos días de desesperación  el prisionero debía recurrir a sus preciados dedos, a veces con las uñas alcanzaba, otras veces no, y solo llegar al hueso de las falanges podría completar ese sentimiento de hambre. Al principio sus residuos los tiraba por una pequeña ventana con rejas que había en la celda, con el tiempo, bueno, ya ni había cosas que tirar.
A veces le venían recuerdos a su mente, talvez de otras vidas pasadas, donde al parecer, había vivido mejor, en el inmenso salón de un castillo.... Fue una noche, de frió y tortura, en que su mente lo llevo a un sitio, que se le hizo conocido, el salón  en el castillo, pero esta vez, con antorchas en las paredes y una gran fogata en el medio, que iluminaban las caras y cuerpos de las personas allí presentes, mientras algunos sentados en sus asientos se encontraban devorando patas enteras, de todo animal que pudiese encontrarse, con vino saltando de copa en copa al chocar entre ellas, y un ruido abismal, entre gritos, gemidos, risas. Vivía estos momentos que su mente le regalaba con sumo placer, e intentaba no comer nada, pues mas de una vez se había despertado comiéndose un poco de su lengua, lo que quedaba de ella.
El salón seguía allí  con su gente, y él, sentado en una silla, con sus brazos regordetes, llenos de anillos, ropa que lo vestía y abrigaba. Y mucha gente, niños, mujeres,sirvientes plebeyos, escuderos, todo tipo de gente había ahí, pero unos, unos aun con todo el frío y hambre que se encontraban  en él, llenaban su cuerpo de odio y calor, hombres con largos vestidos brocados y de terciopelo, forrados de pieles que llegaban hasta sus pies, y largos gorros de Cibelina, y barbas que tocaban   sus estomagos al parecer. Reían y miraban indiscriminadamente a todo el mundo allí  brindaban y comian.  El prisionero aprovecho el sueño, y miro a sus soldados, apostados en las puertas, ventanas, cerca de las fogatas, todos mirándolo a el, y no sabia por que seria esto, hasta que uno de estos hombres de largas barbas se acerco a el, y entre toda la ropa que tenia aun en su sueño, sintió dos cosas, un hombre, gritando un nombre, muy lejanamente, un hombre al que le habían quemado los ojos.. gritaba un nombre. Y sintió bajo su manga, un peso, no muy pequeño y afilado, un peso que al parecer conocía muy bien.
El hombre le tendió una copa de vino, con un brazo, y extendió el otro brazo para darle la mano, el prisionero, tomo un sorbo del vino, y saboreo todo el inexistente sabor lo que pudo, mientras ese hombre sin ojos gritaba el desconocido nombre en su cabeza...
     "V.... v....Vlad!"
En ese momento, el vino se había terminado, y el prisionero sonrió  sonrió en su sueño, y en su realidad, sonrió porque no era un sueño, sonrió porque era un recuerdo...
Vlad tiro la copa de vino, todavía riendo y acerco sus manos a la sien del hombre barbudo, le beso la frente, y en un movimiento con sus manos, el cuello y la cabeza del boyardo terminaron en su espalda, con un sonido atronador que hizo que reinara el silencio en la sala.
Sus soldados acercaron sus manos a sus espadas, y lanzas, Vlad tomo el cuchillo que se encontraba en su manga ,y lo clavo en el retorcido cuello del muerto, y lo deslizo hasta su vientre rompiendo las costillas que se interponían en el medio, al sacar el ensangrentado cuchillo, lamió toda la sangre que había en el, la señal  proveniente de la orden del dragón  la señal que indicaba que indicaba lo que había que hacer ... ni bien los boyardos movieron sus pies, o exclamaron algo, lanzas y espadas comenzaron a salir de sus estomagos, bocas y nucas, miembros fueron cercenados, amputados, mientras las puertas se sellaron para que ningún Valaco exento de culpas escapara.
La masacre no duro demasiado, lo que duro fue colocar todos los cuerpos agonizantes en las estacas, cada uno en su forma y orden geométrico tal y como le gustaba al príncipe.
Vlad observaba mientras tanto, casi excitado  viendo su bosque de empalados, estacas saliendo de sus bocas estomagos, mientras se retorcían.. como ratas...
Así que... Vlad...no recordaba todavía por que esta encerrado, ni como, pero  había recordado quien y que era... Unos pasos se escucharon en la torre, eran... hombres, hombres hablando...barco ? un barco con rumbo a Londres, interesante.. mas lugares en los que sembrar pánico y poder, la orden del dragón se extendería solo a los que la sangre verdeciera  el era Vlad Dracul, nadie podría olvidarlo a partir de ahora, nadie lo haría jamas.

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